sábado, 3 de septiembre de 2011

La edad: Una interacción mente - cuerpo

Se ha discutido mucho acerca de la edad y por supuesto también se ha escrito mucho con relación al tema. Si nos atenemos a la edad indicada por el calendario, no es mucho lo que hay hablar o escribir. El problema está que son muchas las personas jóvenes de acuerdo al calendario, que paracen muertos, sin ilusión, sin planes, sin ganas de vivir o como decía mi madre, sin sangre en las venas, donde los sueños, metas u objetivos no forman parte de su plataforma de vida.

Este prototipo de persona, que dicho sea de paso hay muchos en el mundo, son dignos de un estudio profundo, estos contrastan con personas, por ejemplo, de la llamada tercera edad que aún hacen planes como si tuvieran empezando a vivir su estado adulto cada día y queriendo cambiar el mundo.

En ninguno de los dos casos consideramos que el problema es el dinero, porque definitivamente, son muchas las cosas importantes que se hacen en la vida con la ausencia total del signo monetario. El problema es de actitud; por ejemplo Arthur Rubinstein interpretaba a Chopin como nadie a los 95 años y las más importantes obras musicales de Peter I. Tchaikovski fueron compuestas después de los 60 años de edad, sólo para poner dos ejemplos. Sería muy buen ejercicio buscar logros importantes alcanzados por personas que en ese momento habían sobrepasado los 65 años.

Comienzas a envejecer cuando decides parar de aprender y ese es uno de los argumentos que podrían esgrimirse para aquellos que entienden que su proceso de aprendizaje terminó cuando alcanzaron un nivel educativo, no importa cual haya sido. Nuestros deseos e inquietudes deben nacer con nosotros y morir con nosotros.

Para algunas personas su trabajo ha sido tan trascendente que otros deciden continuarlos, sabemos que son mentes privilegiadas, pero no hay que parar, independientemente de quien se trate, siempre habrá algo nuevo que hacer, algo nuevo que aprender y algo de lo aprendido que enseñar.

Algunos analistas del problema relacionan esa especie de congelamiento de la mente para abordar cosas nuevas a la solución de sus problemas básicos y a no ver la vida más allá de donde su vista puede alcanzar, consideran que la riqueza y el bienestar general son para otros seres, porque en su árbol familiar no hubo nadie que se atreviera a nada, estan condicionados a ese paradigma y no se atreven a romperlo, siguen verdaderamente atados a sus cadenas mentales, como la famosa anécdota del elefante que cuando era muy joven se le amarrá de una estaca y llegó a adulto y no se atrevía a moverse porque creía que estaba atado y no era posible liberarase de una pequeña cuerda la cual podía arrancar sin hacer ningún esfuerzo.

Cuántas personas no se atreven a innovar algunos aspectos de su vida, por puros frenos mentales, esos frenos son los que marcan los verdaderos signos de envejecimiento, no hay dudas que el calendario es importante, pero no es lo más importante. El tiempo podrá envejecer la carne, podrá arrugar nuestra piel pero nunca jamás podra envejecer nuestra mente.

En el deporte, está la famosa frase mente sana y cuerpo sano, podemos con toda propiedad decir: Mente innovadora y cuerpo joven. Este debería constituir un principio general para la vida de todos los seres humanos, cuando nos innovamos, rejuvenecemos y es como si nacieramos todos los días.

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